Urge OIT a situar a los jóvenes en el centro del debate laboral

Las voces de jóvenes que reclaman políticas de empleo más inclusivas, seguras y orientadas al futuro ocuparon un lugar central en la Festa Internacional del Trabajo sobre la Juventud, organizada conjuntamente por la provincia de Gyeonggi y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que tuvo lugar del 15 al 17 de diciembre de 2025 en Goyang, República de Corea.

En un mensaje pronunciado durante la apertura de la Festa, el Director General de la OIT, Gilbert F. Houngbo, subrayó la importancia de situar las perspectivas juveniles en el centro del debate. “Más del 20 por ciento de la juventud a nivel mundial en su gran mayoría mujeres jóvenes, no está ni empleada, ni estudiando, ni en formación. Y quienes acceden a un empleo lo hacen, con demasiada frecuencia, en condiciones precarias e informales”, afirmó.

A medida que los mercados de trabajo se desaceleran en todo el mundo, el costo personal de iniciar una carrera profesional en un período de recesión es considerable, y las implicaciones macroeconómicas pueden ser igualmente graves. El desempleo y el subempleo persistentes entre la juventud amenazan la productividad a largo plazo, la sostenibilidad fiscal y el crecimiento económico. Además, está surgiendo una nueva y preocupante dimensión: la inteligencia artificial podría desplazar cada vez más precisamente los empleos de nivel inicial que tradicionalmente han servido como peldaños hacia un empleo estable.

El bien documentado “efecto cicatriz” de incorporarse al mercado de trabajo durante una recesión —en el que las personas jóvenes experimentan pérdidas salariales del 10 al 15 por ciento que pueden persistir durante una década o más— no es simplemente una suma de dificultades individuales. A gran escala, se convierte en un lastre macroeconómico. Cuando amplias cohortes de jóvenes trabajadores quedan atrapadas en empleos de baja calidad o excluidas del empleo por completo, no logran acumular las competencias, la experiencia y la carrera laboral que sustentan el crecimiento de la productividad. Al mismo tiempo, el elevado desempleo juvenil genera una doble carga fiscal: reduce la capacidad contributiva a lo largo de la vida y aumenta el gasto público en apoyo a los ingresos y servicios conexos.

Estos efectos se acumulan con el tiempo, reduciendo el potencial de crecimiento a largo plazo de una economía. Una generación “marcada” por menores perspectivas de ingresos, peores resultados en materia de salud y una formación tardía de los hogares contribuye menos a la demanda agregada y a la innovación. A su vez, una demanda moderada puede debilitar aún más los mercados de trabajo, reforzando un círculo vicioso. Dado que estos impactos recaen de manera desproporcionada sobre las personas jóvenes en situación de desventaja, también exacerban la desigualdad, socavando la cohesión social y el crecimiento sostenible. Por consiguiente, abordar el desempleo y la subutilización laboral de las personas jóvenes no es únicamente un imperativo social, sino una inversión macroeconómica. La propia política macroeconómica tiene un papel central que desempeñar al apoyar la estabilidad de precios, sostener la demanda agregada y fomentar las condiciones para un empleo pleno y productivo, garantizando que las y los jóvenes de hoy puedan convertirse en las impulsoras del crecimiento del mañana.

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